En gran cantidad de ocasiones llegamos a creer que es fácil, que todo lo que hace es porque nació con ese don, que cada pasing que da es por su talento, que su velocidad es innata.
Pero se nos olvida que no lo es, que sus flashes de fama no comienzan en la línea para sacar, sino en el gimnasio. Se nos olvida que es en los momentos complicados cuando aprende, que es el dolor su motivación.
El deporte a veces exige sacrificio. Nadal que es diestro, decide cambiar y jugar con la izquierda, ¿por qué? Porque tiene muchisimas más ventajas, son pocos los zurdos que hay en el circuito.
Ser cristiano es algo parecido a cambiar de mano, sabemos que somos diestros pero también sabemos que tenemos que jugar con la izquierda si queremos ganar. Nadie ha dicho que sea fácil al principio es muy complicado, pero luego no sabes jugar de otra manera.
Es ahí donde entra la pregunta en juego: ¿Es acaso ser cristianismo algo fácil de llevar?¿quizás te hicieron creer que siendo cristiano ya estaba todo hecho?
¿te ilusiona ser seguidor de Jesús? ¿Paras un momento de tu día para salir a correr con Jesús en tu habitación? ¿recuerdas ese gol que Jesús metió que cambió tu vida?
Es verdad que cuando uno abre la Biblia y ve la vida de Jesús puede resultar imposible de alcanzar, llega a una boda y es capaz de hacer un milagro y transformar el agua en vino, resucita personas, habla de tal manera que como jamás tu llegarás hablar, atrae a miles de personas.
Pero se nos olvida que el éxito no es más que el pico más alto de la montaña, que el fracaso es solo el punto más bajo. Se nos olvida que existe un trabajo, que si tienes inspiración y no trabajas tampoco es posible llegar a ningún sitio.
Como humanos solo nos hemos acostumbrado a ver el éxito o el fracaso en las personas de nuestro alrededor o en nosotros mismos. Cuando ni el éxito ni el fracaso es lo realmente importante.
Cuando ni el éxito ni el fracaso es lo que realmente le importan a Jesús de tu vida.
Se nos olvida que Jesús desde que salía el sol ya comenzaba su entrenamiento, que sus brillos de esplendor, comenzaban en el gimnasio.
Quizá nos hizo creer que era fácil, cuando no lo era.
Quizás nos hizo creer que cada tiro que hacía era un tiro ganador
Que su juego estaba hecho de flashes y no de fuego.
Quizás es su culpa que no vimos que el fracaso le dio la fuerza
Que su dolor era su motivación
Quizas nos hizo creer que el amor era un regalo de Dios, y no algo en lo que trabajó cada día de su vida
Quizás lo destruyó todo
O quizás solo estamos poniendo excusas.
Es mucho más formativo basarse en el trabajo que en el talento. Dios te dice eso, sabe el talento que tu tienes, que es grandísimo para él, tanto que dio su vida por ti. Pero te pide que no confíes en tu talento solo, sino que trabajes.
Sabes una cosa, cuando va a empezar la carrera (como dice la Biblia), o el partido o la batalla, antes de colocarte en la línea de salida, antes de que el silbato suene y el reloj comience a contar, recuerda que todas las probabilidades, todos los comentarios hechos por expertos, lo que digan las estadísticas, no importan.
Se vienen abajo, da igual que piensen que eres inferior, porque tu sabes que juegas con otra mano, has entrenado y tienes mejor entrenador. Cuentas con la pasión, el amor como arma para saltarte toda lógica.
¿Así que,quieres un día conseguir ganar el mayor torneo del mundo? a lo mejor puedes hoy ya ganarlo para Jesús.
¿quieres ganar el mejor trofeo del mundo? entrénate cada día, da igual el lugar, con quién lo hagas, la temperatura que haya, da igual todo. Sal y corre, métete en tu gimnasio personal, sin horarios fijos.
Y si un día te caes, levantate y sigue entrenando, no busques el éxito, ni el fracaso, trabaja cada día para un día alcanzar la gloria y estar en el cielo.
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